
Si te detienes a pensar, la lógica te dice que lo que haga tu expareja, ahora que ya no estáis juntos, debería ser irrelevante para ti.La lógica y toda tu racionalidad queda atrás cuando te despiertas con una punzada en el estómago recordando que ahora está compartiendo con otra persona todas las cosas que compartía contigoTú mente está dividida. Una parte de ti no quiere saber nada más de su nueva vida, otra está buscando por las redes cualquier dato de tu sustituto/a.

Lo cierto es que te resulta tremendamente difícil.
Estás afrontando una ruptura como buenamente puedes, pero cuando llega a tu mente la posibilidad de que su corazón esté ocupado por otra persona, el dolor se te hace insoportable.De repente, aparecen los celos, la tristeza, la frustración y el enfado. No dejan de invadirte imágenes de ellos que te provocan rechazo, asco y rabia.Odias sentirte así, piensas que «no deberías sentirte así», darías lo que fuera por dejar de sentirte así.A veces, te sientes tonto y culpable por pasarlo tan mal con esta idea cuando racionalmente sabes que ya no es tu pareja y que ambos dos tenéis derecho a rehacer vuestra vida.Te gustaría tener la frialdad suficiente para permanecer indiferente y decidir que lo que tu ex siga viviendo ya no te pertenece, ni te incumbe.
Si tus respuestas son afirmativas, entonces sabes que estás poniéndote muy difícil la elaboración de tu duelo.
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